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jueves, 22 de diciembre de 2016

Descubren un gigantesco «río» de hierro fundido en el núcleo de la Tierra

Investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido) han detectado una inmensa corriente de hierro fundido en el núcleo de la Tierra. El hallazgo, publicado este lunes en la revista «Nature Geoscience», se ha producido gracias a un profundo análisis del campo magnético del interior de la Tierra que ha sido realizado por los satélites Swarm de la Agencia Espacial Europea (ESA).


«Podemos definir esta corriente como una banda de hierro fundido que está rodeando el Polo Norte, parecida a la corriente de chorro de la atmósfera», ha dicho en un comunicado Phil Livermore, investigador en la Universidad de Leeds.
Ya se sospechaba de la existencia de un fenómeno así. Las anteriores investigaciones habían detectado cambios en el campo magnético que indicaban que la parte externa del núcleo de la Tierra se estaba moviendo más rápido bajo Alaska y Siberia. Pero no se entendía por qué ni si efectivamente era así.

Pero gracias a las «radiografías» realizadas por lo satélites de la ESA, los científicos han podido atravesar virtualmente los 3.000 kilómetros de roca que separan el núcleo de la superficie: «No solo hemos visto por primera vez esta corriente de chorro, sino que además hemos comprendido por qué está ahí», ha dicho Livermore.
Los datos indican que esta colosal corriente, que rodea el Polo Norte, se mueve unos 40 kilómetros cada año. Esto puede parecer poco, pero supera en tres veces las velocidades típicas del núcleo externo de la Tierra y es miles de veces más veloz que el desplazamiento de las placas tectónicas.

Río de hierro fundido

Los investigadores también han concluido que la corriente de hierro se alinea con una frontera entre dos regiones del núcleo. Consideran que este «río» se forma porque el líquido del núcleo se mueve hacia este límite desde los dos lados, y al final una parte acaba resbalando hacia los laterales.
«Por supuesto, necesitas una fuerza para mover el líquido a lo largo de esta frontera. Esto podría venir de fenómenos relacionados con la flotabilidad, o más probablemente con los campos magnéticos del núcleo», ha propuesto Rainer Hollerbach, coautor del estudio.
En opinión de Rune Floberghagen, líder de la misión Swarm de la ESA, es posible que haya más sorpresas sobre la Tierra en el futuro, porque su campo magnético es muy dinámico e incluso es posible que esta corriente cambie de dirección en el futuro.

Un sorprendente campo magnético

«Sabemos más sobre el Sol que sobre el núcleo de la Tierra», ha dicho Chris Finlay, otro de los investigadores involucrados en el estudio y profesor en la Universidad Técnica de Dinamarca. «El descubrimiento de esta corriente es un interesantísimo paso para saber cómo funciona el interior de nuestro planeta».
Precisamente, este fue uno de los motivos por los cuales la ESA lanzó en 2013 una constelación (grupo) de tres satélites para medir el campo magnético terrestre en su interior, repasando el núcleo, el manto, la corteza, los océanos, la ionosfera y la magnetosfera.
El campo magnético terrestre se encuentra en un estado de continua evolución. El polo norte magnético se desplaza de forma acelerada, y cada pocos cientos de miles de años se invierte la polaridad del campo, lo que provocaría que las brújulas empezasen a apuntar hacia el sur. Por otro lado, la intensidad del campo magnético también varía constantemente, y en los últimos años parece estar debilitándose de forma considerable.

Las ondas gravitacionales, descubrimiento del año según la revista Science

La revista Science declaró hoy como el descubrimiento de 2016 a la observación de las ondas gravitacionales, predichas hace un siglo por Albert Einstein y detectadas por primera vez por los científicos del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO).


"Fue una elección bastante fácil. Hubo muchos avances importantes este año, pero la observación de las ondas gravitacionales confirma una predicción centenaria del propio Albert Einstein", explicó a Efe Adrian Cho, de la revista Science.
Cho también reconoció que es difícil señalar solo un aspecto de este avance.
"Personalmente, supongo que el aspecto más profundo del descubrimiento es que el ser humano ha detectado directamente la radiación gravitacional", agregó.
En ese sentido, resaltó que ya se ha podido sentir la radiación de las cuatro fuerzas de la naturaleza: el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte y la gravedad.
"La gravedad es tan débil que la radiación gravitacional parecía casi imposible de detectar. Y aun así lo lograron. Como físico, para mí eso es un profundo logro", añadió Cho.
Las ondas gravitacionales fueron postuladas por Einstein, quien consideraba que los objetos con gran cantidad de masa podían, al girar, deformar el espacio-tiempo y provocar vibraciones.
Einstein también creía que estas vibraciones serían demasiado minúsculas como para ser detectadas, algo que el experimento del observatorio estadounidense de interferometría láser (LIGO) permitió refutar.
Para poder lograrlo, los científicos utilizaron tecnología impresionante: dos detectores masivos, que incluían espejos entre los que rebotaba un láser.
Las primeras ondas detectadas eran el resultado de una fusión de dos agujeros negros, de 39 y 29 veces la masa del sol y el descubrimiento se conoció en febrero de este año.
Cuatro meses después, los científicos del proyecto LIGO también confirmaron una segunda observación, aunque se trataba de un fenómeno más débil.
El descubrimiento es también, para Cho, una "saga científica increíble", debido a que ha tomado más de 40 años para los científicos que este proyecto funcionara, pues requiere de una tecnología muy avanzada.
"Y todo el tiempo, los físicos no tenían ninguna garantía de que alguna vez fueran a ver una señal. Es uno de los experimentos más audaces que se ha hecho", agregó.
Entre los estudios que quedaron finalistas este año está el descubrimiento de un planeta parecido a la Tierra que orbita en torno a su estrella, Próxima Centauri, y que tiene una temperatura que permitiría la existencia de agua líquida en su superficie.
También un programa de ordenador desarrollado por Google DeepMind, bautizado como "AlphaGo", que derrotó en una partida a cinco juegos a un profesional del juego de estrategia oriental "go".
Igualmente, un estudio con chimpancés, orangutanes y bonobos a través del cual antropólogos de EEUU y Japón demostraron que estos grandes simios tienen la capacidad de detectar pensamientos o intenciones, es decir, "leer la mente", algo que, hasta el momento, se creía reservado a la especie humana.
Otro trabajo finalista este año fue el de un equipo de Japón que produjo crías de ratón a partir de óvulos desarrollados totalmente en un placas de laboratorio, lo que ofrece una nueva forma de estudiar el desarrollo de los huevos y plantea la posibilidad más distante de hacer huevos humanos en el laboratorio de casi cualquier tipo de célula, incluyendo los alterados genéticamente.
Con un estudio genético, un equipo científico determinó que una sola ola migratoria procedente de África fue la que pobló todo el globo, lo que le valió también quedar entre los finalistas.
Este año, con técnicas de patrones de chips de computadora, los científicos crearon las primeras lentes de metamaterial, los metalentes, que son baratos de producir, más delgados que una hoja de papel y mucho más ligeros que el vidrio, por lo que podrían revolucionar toda la óptica, desde microscopios y cámaras a pantallas de realidad virtual o de teléfonos inteligentes.
 
 
Con información de EFEUSA

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